Subimos por una preciosa senda camino de Peñaparda. La humedad hacía que abundaran los líquenes y musgos. Recuerdos guerreros se atravesaron en nuestro camino. Allí esperaron, agazapados, detrás de sus parapetos, los soldados de la incivil guerra del 36. A un lado y otro, trincheras y blocaos medio derruidos nos llevaban a tiempos, afortunadamente superados.
Al llegar al collado, fue cuando empecé a cobrar importancia. El aire frío, la niebla que ascendía del valle, y….¡ la lluvia! me animaron a seguir hacia el vértice geodésico. ¡Mira , allí estará Valencia!...¡No se veía nada!.
Para dicha completa, empezaron a oirse truenos que retumbaban en el barranco.¡ Más gotas de lluvia y más truenos, nos hicieron acelerar la marcha. En las cercanías del pueblo ¡ Por fín!. Los cielos se abrieron y cataratas de agua nos hicieron buscar un refugio seguro, unos paelleros.
Pensé que se había acabado la jornada con el almuerzo y el estar a cubierto, ¡pero no!.
Fui apreciado más que antes, suavemente acogido, sumamente reconocido…Mientras más arreciaba la tormenta, más a gusto me sentía. ¡ Si no hubiera sido por mí…!...el frío, la humedad, posiblemente el inoportuno catarro hubiera hecho mella en mi amo, no en mi , porque al fin y al cabo yo era tan sólo ¡ un chubasquero!.
Retomo la crónica ya como el que suscribe,para reflejar los cambios que tuvimos que hacer ,versátiles como siempre.
Fuimos a dar un garbeo por el pueblo, buscando un bar donde poder tomarnos un café calentito, pero ¡ vano fue nuestro intento!. Dos había y los dos estaban cerrados. Para compensar,nos acercamos a ver que podíamos hacer de la ruta medieval prevista y conseguimos atravesar el puente , ¡ menos mal que había puente!.

Bajaba riada y el agua rápida y fangosa daba miedo. Subimos por la
calzada empedrada y descansamos un momento en la Cruz de los Ahorcados.
Daba grima pensar que alli eran expuestos durante semanas, los ajusticiados por el Barón, señor de horca y cuchillo, para ejemplar escarmiento de sus vasallos.
Desistimos de seguir la ruta, impracticable por la riada y regresamos al coche, dando por finalizada tan acuática excursión…
¡ Queda demostrado que el agua no es obstáculo que nos impida salir al monte ¡