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POR FALTA DE ESPACIO, SE HAN SUPRIMIDO MUCHAS FOTOS DE LAS CRÓNICAS , AUNQUE PERMANECEN LOS TEXTOS.

sábado, marzo 24, 2007

Entre barrancos

La ruta del Quisal, es una de las clásicas. La diferencia, en esta ocasión, es que la hicimos al contrario de cómo la hacemos habitualmente. ¡ Y nos fue la mar de bien!.

Dejamos los coches en las Casas de Mijares y enseguida encontramos las marcas del Gr-7. La verdad es que la subida, no nos resultó excesivamente pesada. El maravilloso día, seguramente ayudó. Las Moratillas y la Fuente Umbría, fueron las siguientes etapas. El relajo de la marcha, hizo que a las 9.30, ya estuviéramos almorzando, cómodamente sentados en duros bancos de piedra..¡ No se puede tener todo !.

La bajada por el Fresnal, nos permitió ir descubriendo los diferentes árboles. Que si son quejigos, que si chopos, que si fresnos. Necesitamos con urgencia un botánico que nos oriente en cuanto a la flora. En el cruce de los dos barrancos, nos encontramos de nuevo a un par de senderistas, que, muy amablemente, nos ofrecieron un “tiento” a una bota de buen vino. La montaña tiene esas muestras de solidaridad que se agradecen en lo que valen.

Debidamente entonados, emprendimos la travesía del Quisal. Como siempre, los enormes peñascos, dificultaban la marcha, pero servía para que alguno de los participantes, se divirtieran saltando de roca en roca. Por supuesto que mis meniscos, me impedían seguirle el ritmo. Así que pasito a pasito, fui bajando con paciencia la barranquera No tuvimos la suerte de ver cabras monteses, pero, de repente, apareció alguien que sin decir ni pio pasó a nuestro lado como una exhalación. Las opiniones fueron variopintas: que si era uno de las C.O.E ( Cuerpo de Operaciones Especiales), que si un fantasma de la Guerra Civil, que si un paramilitar…Tan de repente como apareció, desapareció, dejándonos algo amoscados. El final del barranco, nos dejó junto al nacimiento del río Mijares.

Una delicia de paraje. Agua transparente, fresquita, que nos sirvió para hacer un agradable pediluvio, secundado por casi todos, menos alguno que confesó su vagancia, perdonando el refresquito de pies.¡ El se lo perdió !.
Reconfortados y felices, nos llegamos a los coches, donde fuimos debidamente despedidos con emocionados pañuelos. ¡ Hasta la próxima!

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